Agonizan estos días eternos
Del estío que parece un engaño
La garúa se cierne hambrienta
Hasta engullir por completo el horizonte
Siembra en su seno abisal
Unas veces el miedo
Y en la noche profunda en que sólo resaltan las olas
Aquel sueño inalcanzable de pasión y dolor
Un profundo azul cerúleo
Resucitado de la tiniebla soterrada del invierno
Inventado -tal vez- por la pena
Que ciertos días provoca la soledad grisácea del ocaso
He de reunir mis vísceras enfermas
Dolidas de toda esa ausencia de tu plática
Escindidas del aroma de tu estirpe
Acobardadas por una promesa de futuro
Y con ellas en brazos volveré a visitar la mar
Para entender otra vez su luz
Renovada en mi esperanza inmortal
Alguna mañana de primavera
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