RESUCITADO
Recordaba vagamente que el órgano seguía allí; no había latido en
años. Ahora parecía salírseme por la boca. Sus enormes ojos pardos se habían
cruzado apenas un instante con los míos. Olía vagamente a naranjas. Viajamos
casi unidos por cuatro comunas; mucho más allá de mi destino. Parecía un sueño.
Hasta que bajó en alguna parte. Desapareció tras el castaño de una esquina. En
la siguiente parada, también bajé. Crucé la calle y esperé, recordando su olor.
Cuando pasó la 418 de regreso, ya estaba oscuro. Me senté al fondo; listo para
otro millón de años: mi corazón seguía latiendo
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